miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

Al leer el texto de José Manuel Esteve, me doy cuenta de que muchos de mis temores e insatisfacciones como docente, parten de la sensación de no estar haciendo las cosas como se debe. De algún modo sigo pensando en el “maestro ideal” y, al compararme con él, me siento insatisfecho. De hecho esto me sucede cotidianamente, al intercambiar opiniones con mis compañeros de trabajo. Algunos de ellos hablan de los divertido que fue su clase, de las muestras de aprobación que reciben de sus alumnos, de los logros que obtuvieron; en ese momento, hago un recuento de mi clase y me cuesta trabajo encontrar esos elementos en mi práctica docente. Lo más que puedo encontrar, es haber trabajado más o menos como lo planeé, haber logrado el objetivo que me planteé, haber logrado la participación de mis alumnos… pero no encuentro el júbilo en sus ojos, las palabras de agradecimiento, etc.
Pero hay otro elemento en la lectura, que me hace recobrar la fe en mí mismo: recuperar la libertad. Como lo digo en mi primera confrontación, algo que me cuesta mucho trabajo cuando se presenta una reforma, es realizar los cambios que propone, aunque estos sean más bien de forma, tales como utilizar de manera explícita ciertos instrumentos de evaluación, como las guías de observación o las listas de cotejo. Sí, me doy cuenta que no es lo mismo tomar en cuenta ciertos requisitos para evaluar un desempeño o un producto y asignar una calificación en niveles de bueno, regular o no aceptable, que describir cada uno de los criterios y puntajes que se deben tomar en cuenta. Lo que pasa es que siento que la lista de cotejo me quita la libertad.
También coincido con Esteve en lo aburrido que puede ser tener que repetir la misma clase a varios grupos; de hecho, aunque quisiera hacerlo, no podría: una expresión de desagrado de alguien en el grupo me puede hacer cambiar todo. Cuando esto ocurre, generalmente salgo de la clase con una sensación de fracaso, pero a la luz de la lectura que comento, no tendría por qué ser así, ya que variar las estrategias puede ser valorado como “ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos…”, (Esteve, José Manuel. La aventura de ser maestro, ponencia presentada en las WWWI Jornadas de Centros Educativos. Universidad de Navarra, 4 de febrero de 2003) y esto nos permite recuperar la libertad.
Asumo, finalmente, el desafío de volver a las preguntas originales, de ser maestro de humanidad, de que el aprendizaje sea, al mismo tiempo, alegría y, por consiguiente, una actividad de las más placenteras que pueda haber. Y que mi trabajo vale la pena.

La aventura de ser docente

Son las seis de la mañana con treinta minutos. Me levanto y salgo a hacer un poco de ejercicio. Yo sé que hago esto para mantenerme sano. Pero en este propósito, además de que está presente mi amor propio y el amor por mi familia, también están presentes mis alumnos. Una persona que lleva ya 37 años ejerciendo la docencia, tiene que cuidarse si quiere seguir ejerciéndola, y yo desde luego, estoy dispuesto a seguir frente a grupo durante unos años más (dos o tres, quizás cuatro).
Faltando diez minutos para las ocho, salgo hacia la escuela, pero antes me cercioro de que llevo los materiales que voy a necesitar durante el día, lo que implica que ya chequé los temas que se van a trabajar con cada uno de los grupos de clase. Algo que hago casi mecánicamente, es pensar durante el trayecto a la escuela: “en el seiscientos uno y el seiscientos dos voy a ver los mismos temas; en el seiscientos cuatro voy atrasado…” Supongo que con este razonamiento, me formo un esquema mental sobre lo que voy a realizar concretamente con mis alumnos de carne y hueso.
Mi principal preocupación es tener claras las actividades que voy a realizar con mi grupo y debo confesar que no siempre lo logro. Hay veces que ya estoy convencido de que mi plan de acción es bueno pero resulta que, en el último momento, lo cambio. Esto depende de muchos factores: encontré un estado de ánimo en mis alumnos que pensé no era propicio; una palabra o una acción o una reacción de algún alumno me hicieron dar un viraje; ocurrió un incidente que me hizo modificar los planes… en fin, los que estamos en esto sabemos que nunca coincide al cien por ciento lo que planeamos con lo que hacemos; una cosa es el curriculum formal y otra –a veces muy distinta– el curriculum real.
Pero ya estoy frente al grupo. Casi siempre paso lista. Esto tiene distinto significado según sea un grupo nuevo o esté avanzado el ciclo escolar. Cuando se trata de un nuevo grupo el pasar lista me permite aprenderme sus nombres, algo que siempre me ha costado mucho trabajo. Cada vez que tengo la oportunidad, cuando un alumno está participando en clase trato de relacionarlo con su nombre. Es importante conocer el nombre de nuestros alumnos; mucho más importante es conocerlos. Esto último es algo que no siempre logramos. Admiro a los compañeros que son capaces siempre de dirigirse a sus alumnos por su nombre y, además, conocerlos.
También paso lista porque cuando nos evalúan para el PROED (Programa de Estímulos al Desempeño Docente), pasar lista es algo positivo. Por lo menos eso creo.
Es muy importante para mí tener una secuencia didáctica en término generales; mentiría si dijera que ideo una secuencia didáctica diferente para diferentes grupos, sobre todo cuando los contenidos que se van a abordar son los mismos (no sé por qué estoy utilizando el verbo idear en lugar de planear; debe haber alguna razón). Con mi secuencia didáctica en mente, trato de tomar en cuenta –a veces un poco mecánicamente– las recomendaciones que nos sugiere el constructivismo: recuperación de los conocimientos previos. Mi esquema mental está trabajando.
“A ver muchachos, quién nos recuerda lo que vimos en la última sesión…”; o bien: “el tema que vamos a iniciar tiene que ver con los derechos humanos… ¿qué son los derechos humanos…”? y así por el estilo.
Una vez recuperados los conocimientos previos, explico a mis alumnos lo que vamos a hacer para lograr los aprendizajes del día: leer un texto, resolver un problema, ver una película, escuchar la exposición de un equipo… etc. Durante las actividades, trato de apoyar lo que hacen los alumnos sugiriéndoles, cuestionándoles, provocando sus dudas, moviéndoles el tapete… al final de la clase, si el tiempo me lo permitió, le pido a alguien que haga una recapitulación de lo “aprendido”; si ya no me dio tiempo, lo hago en la siguiente sesión…
Más o menos así percibo mi docencia.

Los saberes de mis estudiantes

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES

Lo que saben

En primer lugar, cuando los estudiantes entran a internet por iniciativa propia, sin que medie una tarea escolar, lo que hacen, en orden decreciente, es lo siguiente:
· Bajan música
· Ven videos
· Chatean
· Se comunican por correo electrónico
· Bajan programas
· Ven fotografías
· Buscan temas específicos, siendo los más frecuentes: música, cine, sexo, accidentes, videos cómicos o curiosos, etc.
· Suben fotografías a Hi5
· Establecen contactos con desconocidos

Cuando están de por medio consignas escolares, lo utilizan para:
-Bajar videos sobre temas específicos para diferentes asignaturas, tales como Geografía, Historia, Ciencias de la comunicación, Ciencias de la salud e Historia, entre otras.
-Bajan información escrita sobre casi todas las asignaturas
-Bajan tareas ya hechas
-Buscan temas varios utilizando buscadores

Como espacio social, cuando los estudiantes entran a la red espontáneamente, lo hacen para:
-Chatear
-Intercambiar fotos, música, videos, utilizando sitios como Hi5, Sonico, Facebook, MySpace, etc.
-Bajar o subir videos de sitios como Youtube
-Comunicarse por correo electrónico
-Obtener información muy diversa a través de motores de búsqueda

Como espacio social de acción colectiva, sólo lo utilizan cuando media una tarea escolar, consistente (aunque en raras ocasiones) en visitar blogs educativos que algunos maestros diseñaron sobre su asignatura como apoyo a los estudiantes, a través de los cuales suben sus tareas, opinan, cuestionan, complementan información, etc.

La estrategia

Hasta antes de realizar esta investigación, siempre he tomado en cuenta que en mis grupos de clase hay alumnos que dominan mejor el uso de internet que el resto de sus compañeros. En este sentido he tratado de apoyar al grupo con sus saberes de dos maneras: una, integrando a los expertos en cada uno de los equipos para que los apoyen en lo referente al uso de esta herramienta; dos, integrando un grupo de expertos que hacen una aportación extra con materiales obtenidos de internet, de tal manera que se refuercen los temas expuestos por el resto de los equipos.

La estrategia descrita anteriormente, si se le puede llamar así, se seguirá utilizando cuando se trate de trabajar en equipo.

Quiénes enseñan a quiénes

Una nueva estrategia consistirá en detectar a aquellos alumnos que se podría catalogar como expertos para que funjan como monitores con el resto de sus compañeros. En una primera etapa, los expertos se irán rolando en los diferentes equipos para que les apoyen en aquello que es “su especialidad”.
En una segunda etapa, se le encomendará a cada equipo la creación de un blog o una webquest en los que irán desarrollando un proyecto previamente acordado.
En una tercera etapa, se invitará a los estudiantes a seguir un proceso de formación en línea, con el fin de servirse de internet como una alternativa de autoformación.