Al leer el texto de José Manuel Esteve, me doy cuenta de que muchos de mis temores e insatisfacciones como docente, parten de la sensación de no estar haciendo las cosas como se debe. De algún modo sigo pensando en el “maestro ideal” y, al compararme con él, me siento insatisfecho. De hecho esto me sucede cotidianamente, al intercambiar opiniones con mis compañeros de trabajo. Algunos de ellos hablan de los divertido que fue su clase, de las muestras de aprobación que reciben de sus alumnos, de los logros que obtuvieron; en ese momento, hago un recuento de mi clase y me cuesta trabajo encontrar esos elementos en mi práctica docente. Lo más que puedo encontrar, es haber trabajado más o menos como lo planeé, haber logrado el objetivo que me planteé, haber logrado la participación de mis alumnos… pero no encuentro el júbilo en sus ojos, las palabras de agradecimiento, etc.
Pero hay otro elemento en la lectura, que me hace recobrar la fe en mí mismo: recuperar la libertad. Como lo digo en mi primera confrontación, algo que me cuesta mucho trabajo cuando se presenta una reforma, es realizar los cambios que propone, aunque estos sean más bien de forma, tales como utilizar de manera explícita ciertos instrumentos de evaluación, como las guías de observación o las listas de cotejo. Sí, me doy cuenta que no es lo mismo tomar en cuenta ciertos requisitos para evaluar un desempeño o un producto y asignar una calificación en niveles de bueno, regular o no aceptable, que describir cada uno de los criterios y puntajes que se deben tomar en cuenta. Lo que pasa es que siento que la lista de cotejo me quita la libertad.
También coincido con Esteve en lo aburrido que puede ser tener que repetir la misma clase a varios grupos; de hecho, aunque quisiera hacerlo, no podría: una expresión de desagrado de alguien en el grupo me puede hacer cambiar todo. Cuando esto ocurre, generalmente salgo de la clase con una sensación de fracaso, pero a la luz de la lectura que comento, no tendría por qué ser así, ya que variar las estrategias puede ser valorado como “ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos…”, (Esteve, José Manuel. La aventura de ser maestro, ponencia presentada en las WWWI Jornadas de Centros Educativos. Universidad de Navarra, 4 de febrero de 2003) y esto nos permite recuperar la libertad.
Asumo, finalmente, el desafío de volver a las preguntas originales, de ser maestro de humanidad, de que el aprendizaje sea, al mismo tiempo, alegría y, por consiguiente, una actividad de las más placenteras que pueda haber. Y que mi trabajo vale la pena.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
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Hola Vicente, los cambios que se proponen y la aplicación de secuencias, a mi parecer no se aplican rigidamente, yo sigo mi secuencia sobre todo mi objetivo pero cuando es necesario hago cambios en las actividades en el momento y lo deduzco de observar como interactua el grupo en ese momento; trato de conocer al lider del grupo y si los demas lo apoyan o no; implemento actividades de diversión y aprendizaje con competencia por ejemplo escriben una pregunta en papel y la introducen en un globo mismo que amarran a su tobillo, el cual tiene que ser pisado por otro compañero de otro equipo y contestar la pregunta, se hace por equipo y se da puntos para hecerlo más interesante. Bueno eso les gusta y me he dado cuenta que si aprenden. Y claro que tu trabajo vale la pena los alumnos lo saben solo que tardan en reaccionar. Parece que con ayuda externa ya aprendí a utilizar estos blogs, eso creo?. Maestra Guadalupe Farfán N.
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